Siete de cada diez hogares rurales de Costa Rica viven en pobreza digital, revela estudio de la UCR – La nación
San José, 7 de abril (elmundo.cr) – En las zonas rurales, la El 70% de los hogares se encuentran en pobreza digitalsegún investigación desarrollada en la Maestría Profesional en Estadística, de la Sistema de Estudios de Posgrado (SPS) del Universidad de Costa Rica (UCR).
Para acercarse a la realidad que se vive en los hogares costarricenses sobre el tema digital, el estudio, titulado Índice de Medición de Pobreza Digital de los Hogares en Costa Rica, realizado por Maricruz León Miranda de Posgrados UCR, una herramienta estadística para identificar brechas en el acceso, uso y gasto en tecnología de la información.
Desde una perspectiva territorial, los resultados de la investigación confirman la existencia de brechas geográficas. En el área urbana, la distribución de los hogares entre los diferentes niveles de pobreza digital es relativamente equitativa.
La investigación realizada por León Miranda para optar por el título de Magíster Profesional en Estadística se basa en el reconocimiento de que el acceso y uso adecuado de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) está directamente relacionado con la oportunidades de desarrollo social y económico. En este contexto, el trabajo propone un Índice de Pobreza Digital (IPD) que permita categorizar a los hogares según su nivel de exclusión tecnológica.
“El objetivo era construir una medición que integrara no sólo la posesión de dispositivos o servicios, sino también el uso de tecnologías y el esfuerzo económico que hacen los hogares para acceder a ellas”, explicó Maricruz León Miranda, autora del estudio.
El índice fue creado con base en información del Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos 2018 (ENIGH) y de la Encuesta Nacional de Hogares 2018 (ENAHO). Integra dos componentes principales: uno relacionado con el acceso y uso de servicios y dispositivos TIC en los hogares, y otro relacionado con el gasto mensual en tecnologías de la información.
“Desde el Sistema de Estudios de Posgrado siempre hemos aportado conocimientos y buenas prácticas en todas las áreas del conocimiento. En este caso, a partir de la estadística aplicada se generan herramientas rigurosas que nos permiten comprender fenómenos sociales complejos y apoyar la toma de decisiones en políticas públicas”, afirma el Dr. Eldon Cadwell Marín, decano de la SEP.
El estudio mostró que la pobreza digital está asociada a variables como la zona y región de residencia, el nivel educativo, la edad y la situación de actividad del jefe de hogar, confirmando la existencia de brechas estructurales en el acceso a la tecnología en el país.
Entre las principales recomendaciones, la investigación sugiere que el Ministerio de Ciencia, Innovación, Tecnología y Telecomunicaciones (MICITT) considere incluir el índice como indicador de referencia para monitorear la pobreza digital y alinearlo con herramientas de planificación institucional.
Lo que revela el estudio
En cuanto al acceso a dispositivos, los resultados muestran limitaciones importantes: ocho de cada diez hogares no tienen una tableta, el 85% no tiene una computadora de escritorio y el 58% no tiene una computadora portátil. El dispositivo más común es la televisión, que está presente en casi todos los hogares, mientras que la radio o el sistema de sonido no está presente en cuatro de cada diez hogares. (Datos ENAHO 2018).
El estudio también muestra una diferencia notable en el gasto en TIC entre los hogares digitales pobres y los no pobres. El gasto mensual promedio estimado en tecnologías de la información es de ¢49.183con diferencias según zona residencial: en la zona urbana el gasto alcanza los ¢54.103, mientras que en la zona rural se reduce a ¢36.543.
El análisis sociodemográfico muestra que el nivel educativo, la situación de actividad y la edad del jefe de hogar influyen significativamente en el nivel de pobreza digital. A medida que aumenta el nivel educativo del jefe de hogar, la proporción de hogares clasificados como pobres digitales disminuye notablemente. En concreto, entre los hogares con un jefe sin educación, 9 de cada 10 son catalogados como pobres digitales. En cambio, entre los hogares cuyo jefe tiene estudios universitarios, esta relación se reduce a 2 sobre 10.
En términos de situación de actividad, los hogares con un jefe trabajador tienen una distribución más equilibrada entre pobres y no pobres digitales, mientras que en los hogares con un jefe desempleado o fuera de la fuerza laboral predomina la pobreza digital. De igual forma se observa una relación con la edad del jefe de hogar. En aquellos hogares cuyo jefe está ocupado, la distribución es relativamente justa, el 51,7% es digitalmente pobre y el 48,3% no es digitalmente pobre. En los hogares con jefes de familia desempleados o fuera de la fuerza laboral, la mayoría se clasifica como pobres digitales.
Finalmente, se evidencia una relación entre la edad del jefe y el estado de pobreza digital. Se observa que a medida que aumenta la edad del jefe de hogar, disminuye la proporción de hogares digitales pobres. En general, Los hogares con jefes menores de 25 años o mayores de 55 años tienen una mayor incidencia de pobreza digital. En los hogares con jefes de familia de edad intermedia, hay porcentajes más similares entre los grupos de pobres digitales y pobres no digitales.
Metodología de estudio
El componente de acceso y uso de TIC se construyó mediante análisis factorial exploratorio, mientras que el gasto en TIC se calculó directamente en la ENIGH y se estimó en la ENAHO mediante un modelo de regresión múltiple. Ambos componentes se combinaron en un índice estandarizado con una escala de 0 a 100, donde los valores más altos representan un mayor nivel de pobreza digital.
Los resultados estimaron un promedio nacional de 67,3 puntos en el índice con la ENIGH y 65,9 puntos en el elaborado con la ENAHO. Además, el análisis permitió segmentar los hogares en diferentes grupos, desde hogares no pobres digitalmente hasta hogares con pobreza digital media y alta.
El trabajo proporciona una base metodológica repetible y actualizable, que permite monitorear la evolución de la pobreza digital y contribuir a una comprensión más precisa de las desigualdades tecnológicas en Costa Rica.