March 22, 2026
Cuando la energía nuclear orbitaba la tierra. El día que un satélite soviético con reactor se estrelló en Canadá, provocando una crisis

 – La nación
Tecnología

Cuando la energía nuclear orbitaba la tierra. El día que un satélite soviético con reactor se estrelló en Canadá, provocando una crisis – La nación

A finales de los años 1970, la idea de que un reactor nuclear pudiera caer desde el espacio ya no era ciencia ficción sino que se convirtió en un problema real en la agenda de varios gobiernos. Un satélite soviético con un reactor a bordo. Había perdido el control y se dirigía hacia la atmósfera terrestre, sin que nadie pudiera decir dónde aterrizarían sus restos ni cuál sería el impacto. En medio de la Guerra Fría, las decisiones se caracterizaron por el secreto y la urgencia. A partir de entonces surgieron preguntas que hoy siguen siendo incómodas: qué hacía un reactor nuclear en órbita, por qué se asumió ese riesgo y qué sucede cuando la tecnología se escapa del guión.

Como señala CBCEl 24 de enero de 1978, el satélite soviético Kosmos-954 volvió a entrar en la atmósfera terrestre tras semanas de seguimiento por parte de radares estadounidenses. Nadie sabía a ciencia cierta dónde caería ni en qué condiciones llegarían sus restos al suelo. Finalmente, fragmentos del dispositivo se esparcieron por una amplia región del norte de Canadá, desde los Territorios del Noroeste hasta áreas que ahora forman parte de Nunavut y el norte de Alberta y Saskatchewan. Lo que comenzó como un problema de control orbital de repente se convirtió en una emergencia internacional con implicaciones científicas, diplomáticas y sanitarias.

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Kosmos-954 no era un satélite científico ni una misión experimental aislada, sino más bien una parte más de un sistema militar soviético para vigilar los océanos. Formaba parte de la serie US-A y estaba diseñado para localizar barcos grandes, en particular portaaviones estadounidenses, mediante radar. Para alimentar este sistema, muy exigente en cuanto a consumo energético, la Unión Soviética recurrió a un reactor nuclear compacto, solución que lo hizo posible operar durante períodos de tiempo más largos sin depender de paneles solares. Esta decisión técnica explica por qué el satélite transportaba material fisible y por qué su pérdida causó tanta preocupación.

El corazón tecnológico de Kosmos-954 era un reactor BES-5 llamado “Buk”, diseñado específicamente para satélites militares soviéticos. Este tipo de reactor utilizaba uranio-235 y fue diseñado para alimentar el radar del sistema US-A durante toda la vida útil del satélite. La BBC estima que se lanzaron 31 dispositivos utilizando BES-5 para esta familia de satélites y estima que los reactores se utilizaron en el espacio hasta finales de la década de 1980, y los lanzamientos continuaron hasta 1988. Esta historia no estaba clara, según la BBC: Ha habido fallas y accidentes anteriores, incluidos problemas graves en uno de los primeros vuelos en 1970 y el accidente de otro reactor en el Océano Pacífico después de una falla en un portaaviones en 1973. El plan de seguridad era colocar el núcleo en una órbita de desecho para impedir su regreso a la Tierra.

Historias operativas del Ártico explica esto Las señales de que algo andaba mal llegaron semanas antes del reingreso. Los sistemas de seguimiento detectaron que Kosmos-954 iba perdiendo altitud progresivamente, anomalía que sugería un grave error en el control de la órbita. Estados Unidos comenzó a seguir su desarrollo con especial atención.sabiendo que el satélite tenía un reactor nuclear a bordo. La gran incógnita no era sólo cuándo caería, sino también si el sistema de seguridad soviético sería capaz de separar el núcleo y enviarlo a una órbita segura antes de que el dispositivo entrara en la atmósfera.

Cuando se confirmó que los escombros habían caído en territorio canadiense, el problema adquirió una dimensión completamente nueva. Las autoridades sabían que los fragmentos estaban dispersos en una región vasta, en gran parte remota y cubierta de nieve, lo que dificultaba una evaluación rápida. Las mediciones iniciales detectaron radiación en algunos lugares, pero sin un mapa claro de la contaminación. Ante esta incertidumbre, Canadá tuvo que decidir rápidamente cómo proteger a la población y localizar materiales potencialmente peligrosos en un ambiente extremo.

Para abordar una situación sin precedentes, Canadá recurrió a la cooperación internacional. La Operación Morning Light movilizó a personal militar, científicos y técnicos canadienses y estadounidenses, muchos de ellos de unidades especializadas en emergencias nucleares. Se organizaron vuelos desde bases improvisadas en el norte, equipadas con sensores que podían detectar la radiación del aire. Cada señal anómala dio lugar a inspecciones más detalladas, en una carrera contra el tiempo marcada por el frío extremo y la falta de infraestructura.

A medida que continuaba la búsqueda, quedó claro que la contaminación era más compleja de lo esperado. No sólo aparecieron fragmentos visibles del satélite, sino también partículas radiactivas mucho más pequeñas que eran difíciles de detectar y eliminar. Esto obligó a los equipos a extremar precauciones Ampliar las áreas de seguimiento. Al mismo tiempo, se inició un delicado trabajo de comunicación con las comunidades del norte que querían saber cuáles eran los riesgos reales para la salud, el agua y la vida silvestre de la que dependían.

Con el paso de las semanas, los objetivos de la operación se fueron reduciendo. El período oficial de Morning Light duró 84 días, aunque CBC describe que los esfuerzos de búsqueda abarcaron la mayor parte de 1978 y la búsqueda cubrió un área de 124.000 kilómetros cuadrados. Se recuperaron 66 kilogramos de restos y Canadá consideró contenida la amenaza inmediata a la población y al medio ambiente. Los costes económicos se incrementaron y Ottawa exigió 6,1 millones de dólares a la Unión Soviética, que aceptó pagar la mitad en 1981, iniciándose un proceso diplomático inusual para un incidente de esta naturaleza.

El caso Kosmos-954 no se completó con la retirada de los restos del suelo. En los meses siguientes, el incidente llegó a foros internacionales y desató un incómodo debate sobre el uso de la energía nuclear en el espacio. Varios países pidieron mayores garantías de seguridad y más transparencia en los programas hasta entonces fue desarrollado en estricto secreto. El episodio sirvió para reforzar la idea de que los accidentes espaciales no conocen fronteras y que sus consecuencias podrían afectar directamente a terceros países.

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