February 10, 2026
Hemos aceptado que el ejercicio es “medicina” para el cuerpo. Ahora la ciencia está descubriendo sus efectos secundarios

 – La nación
Tecnología

Hemos aceptado que el ejercicio es “medicina” para el cuerpo. Ahora la ciencia está descubriendo sus efectos secundarios – La nación

El ejercicio físico puede ser recetado como medicamento en los consultorios médicos, incluso si no está empaquetado en una simple pastilla que tomamos. Porque la evidencia detrás de esto ha dejado más que claro que el ejercicio puede prevenir una variedad de enfermedades crónicas e incluso permitirle vivir bien en la vejez. Pero detrás de todo esto también se esconde un aspecto negativo de la actividad física.

Sus efectos secundarios. Cuando aceptamos el ejercicio como drogaTambién tenemos que aceptar que cada medicamento tiene un prospecto, dosis específicas y por supuesto algunos efectos secundarios.

Por eso el problema que tenemos como sociedad es que hemos empezado a vender ampliamente el hecho de “formar” ignorando la letra pequeña de esta tarea. tal y como reconoce la propia Fundación Española del Corazón. Y hay una solución muy sencilla: personalizar los ejercicios físicos por paciente.

El problema de la metáfora. El lema “el ejercicio como medicina” es sin duda una excelente campaña de marketing de salud pública, pero existen varias deficiencias importantes para la ciencia. Como demuestran diversos estudios científicos, el ejercicio no funciona como una droga clásicaya que no produce una reacción predecible en el paciente que si se administrara en forma de pastilla. Esto nos obliga a pensar siempre que el efecto puede ser muy diferente para cada persona.

Al llamar al ejercicio una droga, podemos hacer invisible la diversidad de reacciones individuales. Y no existe una “píldora para hacer sentadillas” única para todos, ya que realizar este ejercicio puede ser muy beneficioso para una persona pero puede ser beneficioso para otra. ser el origen de una patología por sobrecarga. Y todo porque nos apresuramos a entrenar sin planificar cómo hacerlo, ya que nos resulta muy fácil coger unas cuantas pesas y empezar a desarrollar bíceps.

Las cifras de daños. A menudo escuchamos que sentarse en el sofá es un gran peligro, y es cierto, porque es muchas enfermedades asociadas con un estilo de vida sedentario. Pero según diversos estudios realizados en Estados Unidos, hay personas que cumplen o superan las recomendaciones de ejercicio moderado o vigoroso. La probabilidad de sufrir lesiones musculoesqueléticas es del 44 al 66%. como sujetos que permanecen inactivos.

Además, aunque la salud cardiovascular mejora con el ejercicio porque, por ejemplo, el corazón reduce su frecuencia cardíaca, el “coste de mantenimiento” del cuerpo físico aumenta dramáticamente con la cantidad de ejercicio realizado.

Una cuestión de prejuicios. Sin duda, este es uno de los puntos más críticos que destaca la literatura científica respecto a la falta de transparencia en los ensayos clínicos relacionados con la actividad física. Esto se encontró en un análisis que incluyó 103 estudios sobre la osteoartritis de rodilla. Se encontró que el 6% de los participantes sufrieron daños directos por este ejercicio.

Sin embargo, lo más preocupante no es el número, sino la escasez de información: muchos pacientes que abandonan debido al dolor o la incomodidad no son clasificados como “víctimas de efectos secundarios”, creando una percepción de seguridad artificialmente alta. Este problema se repite en oncología, donde el lema “El deporte es medicina en oncología” vivir con eventos adversos no triviales que nos han obligado a proponer sistemas de vigilancia mucho más estrictos para proteger a los pacientes.

A veces nos cruzamos. El problema de fondo en este caso es, sin duda, recomendar programas intensivos o complejos sin una relación beneficio-daño clara frente a una alternativa mucho más sencilla.

Por otro lado, también nos adentramos en el fenómeno de la “prevención cuaternaria”, donde la medicina se centra en prevenir daños mediante sus propias intervenciones. a través de sobremedicaciónnegando así los beneficios de la actividad física.

El consenso necesario. De esta manera, los autores que popularizaron el concepto de “ejercicio como medicina” reconocen explícitamente que el ejercicio no está exento de riesgos. Incluso la propia OMS Su guía afirma que la inactividad representa el mayor riesgo para la población, pero hay que tener en cuenta la letra pequeña:

  • El entrenamiento debe “prescribirse” empezando con una intensidad baja y sin aspirar a la máxima intensidad desde el primer día. Por ejemplo, esto provoca que una persona que lleva años sentada en el sofá empiece a cargar mucho peso y acabe lesionándose.
  • El dolor no siempre es malo y es necesario educar al paciente para que se dé cuenta de que la fatiga en el gimnasio no necesita ser tratada médicamente con pastillas.
  • Los pacientes con riesgo cardíaco deben ser examinados para evitar que el ejercicio incontrolado agrave la situación.

Ser supervisado. La conclusión en este caso es que el ejercicio es evidentemente necesario y es sin duda una de las prácticas que pueden prevenir la aparición de muchas enfermedades. Pero siempre debemos tener claro lo que estamos haciendo. Un alto nivel de estrés en el cuerpo desde el minuto 0 en adelante puede provocar lesiones importantes o el agravamiento de enfermedades existentes.

Por tanto, la posibilidad de estar en un gimnasio con entrenadores que te puedan aconsejar sobre la curva de progresión a seguir puede ser una idea interesante para aprovechar los beneficios de entrenar sin las consecuencias de una ejecución agresiva.

Imágenes | Jonathan Borba

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