La obra del icónico artista japonés Yayoi Kusama se exhibe en Colonia – La nación
Colonia (Alemania), 12 de marzo (dpa) – Con sus calabazas, redes y tentáculos punteados, la artista japonesa Yayoi Kusama (96) es una estrella de las redes sociales, hasta el punto de que a menudo se la describe como la artista contemporánea más famosa del mundo.
El Museo Ludwig de la ciudad alemana de Colonia ofrece ahora, con motivo de su 50 aniversario, una extensa retrospectiva dedicada al arte japonés, que incluye 300 obras que abarcan 70 años de trabajo.
Lo más espectacular es una gran sala atravesada por tentáculos de pulpo cubiertos de lunares. Los visitantes pueden caminar entre ellos y sumergirse por completo en este psicodélico cosmos de puntos, especialmente cuando llegan a una sala de espejos en la que el bosque de tentáculos parece extenderse hasta el infinito.
Es probable que la exposición sea un éxito, aunque sólo sea porque es difícil imaginar un lugar mejor para tomarse selfies.
Un trauma infantil convertido en arte
Más allá de la experiencia sensorial, el visitante también profundiza en la vida del creador de esos mundos. Los omnipresentes puntos no son tan inofensivos como parecen, y los dibujos de la primera infancia de Kusama ya están cubiertos de ellos.
La razón es que estaba alucinando y sentía que los puntos y las flores entraban en ella y la atrapaban en redes. “Por supuesto que le asustó”, explica el curador Stephan Diederich. “Y cuando era niña lo convirtió en arte”.
Por otro lado, las calabazas lo consolaban y decía que incluso podía oírlas hablar. “La divertida forma de la calabaza, su calidez y su parecido con la gente me inspiraron mucho”, dijo en una entrevista.
Uno de sus mayores éxitos en Instagram hoy en día son precisamente las calabazas gigantes que crea, con su inevitable patrón de puntos.
Un centro psiquiátrico como lugar de refugio
Cuando era joven, Kusama se mudó a Nueva York, donde experimentó el auge del flower power hippie y el arte pop. Los puntos la siguieron y empezó a mostrarlos en su propio cuerpo desnudo en performances de pintura corporal.
Es sorprendente cómo, a pesar de sus problemas psicológicos, logró afirmarse como mujer en un mundo dominado por hombres y llamar la atención con hechos que llamaron la atención de los medios.
De regreso a Tokio, decidió ingresar voluntariamente en una clínica psiquiátrica, que se convirtió en su “espacio seguro”. Vive allí desde hace 50 años, con su estudio justo enfrente.
Hoy sigue ascendiendo en el ranking de los artistas más influyentes y sus obras alcanzan millones en el mercado. “Hacer estas pinturas fue de gran ayuda para mi alma”, dice.
Muchos constan de decenas de miles de puntos. “Es increíble que una sola persona pueda lograr algo como esto”, dice Diederich, quien añade que Kusama todavía pinta a diario.
Su forma de trabajar es un tanto maníaca, pero también contemplativa. La idea central es el infinito, la disolución del yo en el cosmos. El hombre es sólo un punto dentro de un todo inconmensurable, una gota en el océano. Si esto es más inquietante o más reconfortante es algo que cada visitante tendrá que decidir por sí mismo, explica Diederich.