April 2, 2026
Si el conflicto continúa, la estanflación puede regresar

 – La nación
El Mundo

Si el conflicto continúa, la estanflación puede regresar – La nación

La estanflación es la contracción de dos conceptos teóricamente opuestos: estancamiento e inflación. En otras palabras, una economía que avanza lentamente mientras los precios siguen subiendo. Se trata de una combinación especialmente difícil de gestionar y, para muchos especialistas, el peor escenario económico posible. En pocas palabras, es cuando todo sale mal al mismo tiempo.

El mecanismo que puede causar estanflación es relativamente simple. Las empresas ven aumentar sus costos y los trasladan a los consumidores. Los hogares, a su vez, deben asignar una proporción mayor de su presupuesto a gastos obligatorios (energía, transporte, alimentos) y reducir el resto de su consumo. Al mismo tiempo, las empresas se muestran reacias a invertir en un entorno incierto. Resultado: la economía se desacelera. Es precisamente esta combinación (aumento de la inflación y caída del crecimiento) la que define la estanflación.

Para entender por qué este riesgo está resurgiendo ahora, debemos observar la situación geopolítica. En las últimas semanas, las tensiones en Medio Oriente, el bloqueo del Estrecho de Ormuz y los ataques a la infraestructura de petróleo y gas han hecho subir los precios de la energía. El petróleo vuelve a superar los 100 dólares el barril, mientras el precio del gas se dispara. Y ya sabes: cuando la energía se encarece, todo se encarece. Los costos de producción, transporte y distribución aumentan y se extienden a toda la economía.

Este shock energético pesa tanto sobre las empresas como sobre los hogares, alimentando la inflación y desacelerando el crecimiento.

Bancos centrales: un dilema sin solución sencilla

Ahora bien, todavía no nos encontramos en una situación de estanflación. En Europa y Estados Unidos, el crecimiento sigue siendo ligeramente positivo y la inflación se ha contenido en los últimos meses. Pero el shock energético actual podría cambiar el panorama. Por ahora, algunos economistas hablan más de “inflación lenta”, es decir, inflación sostenida en un contexto de crecimiento débil. Una versión debilitada de la estanflación, pero que ya es preocupante.

El verdadero problema de la estanflación es que coloca a quienes toman las decisiones económicas en un dilema. En tiempos normales, cuando la inflación aumenta, los bancos centrales elevan las tasas de interés para frenar los aumentos de precios. Pero ralentiza la actividad económica. Por el contrario, cuando el crecimiento se desacelera, las tasas se reducen para estimular la inversión y el consumo, con el riesgo de alimentar la inflación.

En un contexto de estanflación, estos instrumentos dejan de funcionar correctamente: cada decisión tiene efectos secundarios negativos. Éste es precisamente el desafío que enfrentan hoy los principales bancos centrales: arbitrar entre la lucha contra la inflación y el apoyo al crecimiento. En este contexto, la consigna sigue siendo precaución. Todo depende de un factor clave: la duración de la crisis energética. Si las tensiones disminuyen rápidamente, los precios pueden caer y el riesgo desaparece. Pero si el conflicto continúa, las consecuencias pueden ser duraderas. La historia muestra que este tipo de situaciones tiene precedentes, como las crisis del petróleo de los años 1970 o, más recientemente, la crisis energética vinculada a la guerra en Ucrania.

La situación está bajo control por ahora.

No existe una solución milagrosa para la estanflación. El apoyo masivo al poder adquisitivo a través de subsidios puede ayudar en el corto plazo, pero puede alimentar la inflación. Por el contrario, no intervenir puede frenar el crecimiento. La respuesta más equilibrada suele ser dirigir la ayuda a los hogares más vulnerables y evitar medidas excesivas.

Hoy, el riesgo de estanflación es real. Pero por ahora, las principales economías permanecen en una zona de incertidumbre y no en una crisis abierta. Lo que sí parece inmutable es esta regla: la inestabilidad económica nunca es buena para los negocios.